Se vende un país: Colombia

Cuando era pequeño vivía en el barrio de mi abuela. Un terreno copado de casas de bienestar social a las afueras de Dosquebradas donde todos los días las personas reniegan de la lluvia.

Ese barrio tenía todas las características que tiene un barrio popular: una iglesia, una escuela de fútbol, una prostituta, un viejo sin familia, un hombre con síndrome de down que los niños llaman bobito, una nevera vacía, fachadas humildes interiores lujosos, el olor a asado, sancocho y anís los fines de semana.

A mis seis años de edad me dijeron que ese arrume de casas estaba construido sobre un cementerio indígena, y que debido a esto los fantasmas pululaban y los niños nos horrorizábamos.

Colombia, construido también sobre un cementerio indígena, es un abismo claroscuro. Cuando presenta una leve mejoría se va otra vez de culos pal estante.

Foto por: Margarita Rosa

Hoy la pregunta en mi país no es ¿ser o no ser?, sino, ¿con violencia o sin violencia? Pero antes de hacer una crítica no constructiva de Colombia quiero terminar de hablar del barrio.

El barrio, sea el que sea, es nuestro primer acercamiento con la política: la convivencia en comunidad, el instrumento del voto para, por medio de la democracia, elegir el alumbrado decembrino, la difusión de la propaganda negra a través del chisme para crear un imaginario negativo del barrio vecino, el arte de pedir fiado con la herramienta del discurso, el castigo contra el vicioso del vecindario que acostumbra robar a los despistados.

El vivir en sociedad nos obliga a entender que nuestros actos subjetivos tienen una respuesta objetiva del contexto que habitamos.

Volviendo a mi país ¿Con violencia o sin violencia? ¿Manzanas podridas o instituciones putrefactas?

El escándalo de esta semana será tapado por el de la otra semana, y este será olvidado por el próximo, y así hasta crear una montaña interminable de aberraciones contra el pueblo que el mismo pueblo ignora y olvida.

Entonces tenemos dos masas. La primera es la masa que sale a las calles y protesta. A estos vamos a llamarlos ‘Bullosos’. Los Bullosos se dividen en dos: los Atrevidos y los Contenidos. Estos dos subgrupos coinciden en algo: ninguno sabe lo que quiere. Sí, los pedidos son muchos: que renuncie el cerdo, que encanen de por vida a Uribe, que saquen a tal ministro, que haya trabajo, más oportunidades, etc.

Son como el perro que persigue a un carro por la carretera. El día que el chandoso alcance la máquina, no sabrá manejarla.

Foto por: Margarita Rosa

Los Atrevidos se creen más que los Contenidos porque son capaces de regar su sangre por el país (a pesar que sangre y Colombia son sinónimos). Y los Contenidos se creen más que los Atrevidos porque por medio de su ‘buena educación’ y su comportamiento ‘civil’ lograrán un cambio en el gobierno tirano de turno.

Los Bullosos pueden ser víctimas de cualquier político populista que a través de conceptos vacíos hable a la panza y no a la razón.

Y en la vereda del frente está la otra masa, esa que prefiere ‘producir’ y que llama ‘mamertos’ a los que protestan. A estos vamos a llamarlos, ¿cómo podríamos llamarlos? Se me ocurre Ciegos, Sordos, Mudos. Pero bauticemos a estos como los Ton. Esta es la masa preferida de cualquier político. Los Ton también se dividen en dos subgrupos: Los Somnolientos y los Ventajosos.

Los Somnolientos son los que dicen desmarcarse de la política, afirman que todos los políticos son ratas y que ellos prefieren buscarse el pan de cada día en la calle y no esperar nada del gobierno. Pero si tienen que elegir escogen a Uribe (aplica también para Trumps, Bolsonaros, Salvinis, y cualquier otra aberración política)  porque ese sí es un hombre con ‘talante’ y no se deja joder de nadie.

Los Ventajosos son los que, conscientes que la tiranía de turno ensucia a otros y los beneficia a ellos, apoyan al tirano o la tirana y, además, están dispuestos a financiar grupos conformados por Somnolientos y dirigidos por algún Ventajoso para derramar sangre por el país (a pesar que sangre y Colombia son sinónimos).

Los Ton no creen en los proyectos sociales a largo plazo y cuando reciben latigazos de sus gobernantes, toman el látigo, lo limpian, lo enroscan y lo devuelven al opresor.

Los Ton se unen con la Tos de Colombia: la ignorancia.

George Lakoff dice que nuestros ideales políticos los moldean nuestros padres. El o la que crece con padres conservadores tendrá estructuras mentales en base a las restricciones y permisos brindados por los genitores. Y la misma ecuación para los que son criados en ambientes liberales.

Milan Kundera dijo que Kafka había descrito al totalitarismo en “La metamorfosis”, a pesar que la novela transcurre en un cuarto, en una casa, en un ambiente de familia. Dice Kundera que los hogares son “trágicas tiranías que traumatizan la infancia”.

Un hogar sano es el primer acto revolucionario. El primer paso de décadas de trabajo. Pero mi generación no tiene: a) plata para mantener a un hijo, y b) no tiene ganas de criar a nadie.

La solución es que “el voto sea obligatorio”, dicen algunos. Pero no existe la democracia cuando la propaganda negra es desmesurada y no viene penalizada.

La imagen del problema la conocemos todos. Los políticos de toda la vida con sus políticas de toda la vida que le joden la vida a la gente de a pie. Esos gobernantes son los elegidos para dar la cara, y los que ostentan el poder son otros, que ni viven en el país o que bien saben esconderse.

Y después de toda esta mierda escrita, La Voz del Guayabo le exige al gobierno Duque que, para generar una paz estable y duradera en Colombia, modifique los calendarios y convierta las semanas en años, y elimine los meses entre enero y diciembre.

El esquema sería el siguiente: todos los viernes serán 30 de diciembre. Ese día las gentes estarán tan ocupadas con los preparativos del 31 que no les quedará tiempo para matarse.

Todos los sábados serán 31 de diciembre y las personas solo tendrán tiempo para festejar y emborracharse.

Foto por: Andrés Sepúlveda

Todos los domingos se convertirán en primero de enero y se celebrará el día mundial del guayabo, y todos estarán ocupados en el río con sus paseos de olla para matar únicamente a la resaca.

Y los lunes, martes, miércoles y jueves serán los días designados para reactivar la economía, para abrir las escuelas y universidades (que serán gratis y de calidad). Todos cumpliendo sus responsabilidades con el fin de llegar vivos al fin de semana, de ahora en adelante, fin de año.

Si tan solo matarnos no fuera tan fácil, no estaría escribiendo esta cantidad de maricadas.

Daniel Muriel

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