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Tu guayabo hace parte de este movimiento. Envía tu historia a [email protected], incluye tu nombre o especifica tu anonimato. Si quieres mandar unas fotografías, que sean bienvenidas, si no, pues que sea bien recibido tu sincero misterio.

Estás ahí, pensando en tus aventuras, desventuras y cagadas. La mente te habla, te cuenta y recuenta esa historia que viviste y de la que solo te sientes orgulloso en tu mente o contándosela a un amigo borracho. Te detienes; piensas, piensas y piensas si es prudente contar tus vergüenzas y desvergüenzas… Y la verdad es que sí, es prudente y consecuente.

Somos mártires de un amor y su desamor. Somos el grito ahogado de una mente desesperada, el susurro determinado de una voz inquieta; somos el grito de una palabra no dicha, la frase coqueta que se dice al oído en el baile; somos el sentimiento de una ranchera, el llorar de un bolero; somos trovas, coplas, sonetos, el sentir de una música, de la maldita música. Bailamos una cumbia y lloramos una balada. Le sonreímos a un aguardiente y miramos con desdén prudente al whisky; le queremos al vodka y le amamos al tequila.

Somos la salida a la voz que te habla en la cabeza, que te pide versos y ron y además le das vallenato. Somos esa voz, tuya y mía, que es nuestra y no es de nadie, que tú necesitas contar y ella necesita ser contada.

Nos vemos en La Voz del Guayabo.

Salud.

Jacobo Jurado