No soy ese tipo de tipo

Creyendo merecer comprendí que no tengo que andar creyendo guevonadas. El catecismo me enseñó a premiarme si obedecía y a castigarme si era rebelde. Salió todo al revés. Ahora busco la rebeldía para tener recompensas y aborrezco la obediencia que muchas veces me lleva al infierno.

Hoy el cielo, los avernos y el purgatorio los llevo atados a mis huesos. Conozco las divinidades si el guayabo no me tira a la cama, sé del Hades cuando me gasto lo del taxi en vino, y vivo en el purgatorio cuando evito zafarme de despechos que lastiman.

La vida eterna, sí, sí. La brevedad de su existencia.

Foto por: Jacobo Jurado

No soy el estadista de riesgos que ella planeó.

No soy el devoto que su doctrina aprueba.

No soy la certeza que sus dudas reclaman.

No quiero ser el sobrio, el prolijo, el drogado, el encorbatado que otras demandan.

Cuando soy sin tratar de ser, las penas no se atreven a dolerme demasiado.

Igual, el pensamiento que me invade hace un par de madrugadas, que he probado explicar con 178 palabras, Borges lo sintetiza en 27:

Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno.

Daniel Muriel

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.