Misterio en la 373

Este es un texto experimental de género policiaco, escrito por Jacobo Jurado, Daniel Muriel y Cristian Gómez. Los párrafos que contengan la palabra ‘jueputa’ son de Jacobo, los que tengan la palabra ‘gonorrea’ pertenecen a Cristian y los que contengan la palabra ‘malparida’ son de Daniel.

No es un domingo de mierda este en el que he despertado temprano. Con los ojos entrecerrados atisbo un mensaje de mamá: “rey, la tía ya no tiene coronavirus”. Hay que beber, pienso. Salgo de la habitación con tapabocas y hallo solo y vacío el litro de guaro. Abro la puerta de Daniel y Jacobo: “¿en serio se tomaron el aguardiente, gonorreas?”.

Foto tomada por: Jacobo Jurado

Turbado, más por el guaro vacío que por la tristeza de Cristian, camino a la ducha para que el agua helada de primavera baje mi rabia. Mojado y biringo busco la toalla para secarme, y al frotarla sobre mi cabello un olor a cantina y anís me reincorpora ¿Por qué mi toalla huele a aguardiente? Me visto con rapidez y la escondo en la ropa sucia para que Jacobo no pueda olerla, y para mi sorpresa, entre medias y calzoncillos veo la caja de la edición especial del aguardiente 20 años que ya no existe ¡Vida malparida la mía!

Me disponía a vencer la combinación de modorra y nostalgia con alguna hora más de sueño y un café dominguero. Pero los ánimos están caldeados y Daniel, con nervios enojados, me confiesa que vio a Cristian escondiendo la caja de aguardiente que esperaba una fecha especial ¡Jueputa! pues no duermo más y salgo del cuarto a enfrentar a ese desgraciado par.

La mirada indignada de Jacobo me señala y la complicidad nerviosa de Daniel con ese cuchicheo acusa mis ingenuas ganas de compartir una copa con ellos. ¿Será porque tengo la habitación individual? ¡Entonces salí a deberles a estas gonorreas!, no les basta con tomarse el chorro y este maldito confinamiento, ahora también me culpan. ¡Que coman mierda!

Una sopa de verduras hecha por Jacobo tenemos por almuerzo. Su ira la refleja en ese plato maluco. Hablo con Cristian y él. No nos podemos dar el lujo de perder una edición especial de guaro en Europa en medio de una pandemia mundial. Entre los tres hay un culpable y debe pagar. El mañoso tiene dos opciones: abandonar la 373 o caminar hasta la ciudad, ultrajar el negocio que vende productos del tercer mundo, y traerse dos litros de aguardiente, así el coronavirus lo mate. Al menos la malparida botella se puede desinfectar.

Jueputa, hombre. Uno borracho sí es un güevón. Cómo voy a dejar esa caja por ahí. No pensé que se iban a enterar un domingo por la mañana. Y qué candidez la mía, limpiando un reguero de aguardiente con la toalla de Daniel. Ahora cómo les explico que fui yo. Es que era sábado, ellos estaban con sus novias y yo con las dos mías, música y botella.

¡Cuánta maldad hay en ese pequeño! Es anómalo ese quicio y este caldo insípido socorre su silencio culposo en la mesa. Daniel y yo nos asqueamos con cada sorbo y él solo juega pensativo con la cuchara. La 373 seguirá siendo su hogar, pero tendrá que robar el Cinque Continenti. Adepto a mi pueblo, debe regarse sangre antes que alcohol, ¡Jacobo gonorrea!

A todo marrano le llega su noche buena y hoy la penitencia me toca a mí, ¡Jueputa! Dos litros de aguardiente tengo que conseguir y aquí estoy, robando el negocio latino de este pueblo. Pero las cuentas claras y el chocolate espeso. Un litro me tomé, un litro voy a llevar. En la bolsa que traía para el otro litro voy a llevar verduras para hacer más sopa.

Cristian Gómez

Daniel Muriel

Jacobo Jurado


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