Maluco también es bueno

Los veo a todos sentados en sus vidas tan resueltas. Tumbando gente se llega muy fácil a donde se quiere estar. Pero si lo que importa es el camino, ¿por dónde empiezo a caminar?

Debería empezar por levantarme, salir de este coctel de barro y lágrimas. Pero, ¿para qué caminar si yo quiero volar? Cortarme las venas sería muy sencillo, pero así no tendría sangre para insultar las derrotas del América.

Por ahí deambulan esos dependientes de la cotidianidad. Esa gente adicta a la sobriedad me causa lástima. Tampoco es que yo esté haciendo cosas muy diferentes y cada uno elige con qué matarse. De pequeño elegí que la mejor forma de matarme era enamorándome. Cuando ella es zamba en mis brazos, la realidad no se atreve a dolerme tanto, pero la vida no termina ahí, a lo sumo, empieza.

Foto: No nos acordamos

La gente, quizá esa misma con los culos acomodados en sus vidas resueltas, me preguntan, y usted, ¿qué está haciendo? Yo no les puedo responder enamorándome o engordando o aprendiendo piano o desenredándome de la patria. Sería una respuesta esquiva para ellos, me tildarían de descabezado, entonces les respondo que he estado mandando hojas de vida, pero nada que me responden. Más fácil comprender a un desempleado que a un enamorado.

Los veo, de vez en vez, presumiendo sus objetos y, peor aún, su intelecto. Lo que no saben es que solo envidio a las personas que viven en el mar.

Quieren obligarme a pagar con la misma moneda, a mí, que no tengo un peso. “Ya comprendo que en la vida se cuidan los zapatos andando de rodillas” dice julito, por eso siempre miro los pies de los que vienen a hablarme de dignidad.

Me gusta todo lo que me hace sonreír, pero la vida, cada 13 de septiembre, me recuerda que, hasta que me muera, tendré que compartir mis días con el sufrimiento.

Hoy rememoré que el espacio en que vivo mis dichas y mis malestares, es un paraíso para los que están ausentes de libertad. Entonces me olvidé de los otros, de sus caprichos y de sus ambiciones.

A veces solo hay que aguantar. A veces solo hay que disfrutar. Como dice mamá, maluco también es bueno.

Daniel Muriel

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