El camino de la vida

De prisa como el viento se nos han caído los años. Ya no eres la mujer de crespos vino tintos que me pegaba con sartenes por no saber leer. Y yo,  no soy más el niño que se pasaba a tu cama huyendo de los fantasmas. La lejanía hizo su trabajo, derribó esas barreras imaginarias que habíamos edificado. Me acostumbré a que seas mi confidente aunque nunca siga tus consejos.

La vida he procurado vivirla con recuerdos felices, y ella me ha moldeado con momentos tristes. No pienses que esta casa me quedó pequeña, es que tu amor me queda demasiado grande. El alma ya quiere volar, y sabes que sea cuál sea el destino: un pueblo empedrado en Italia, un río en el llano, o un bar de Benemaclet, habrá algo que nos mantendrá unidos. Yo no sé cómo nombrarlo, tú le dices ‘dios’ y con eso me basta.  

Foto: No nos acordamos

El dolor y la alegría son la esencia permanente de la vida. Basta con mencionar a Edward para darle validez a ese aforismo. No me gusta hablar de las personas que no están, pero de él aprendí a querer a la madre por encima de todas las cosas. No me ha salido tan bien, pero lo sigo intentando.

Somos la prolongación de tu existencia, estamos llenos de regaños de don Blas, de fríjoles de Angelina, vemos clases en Taparcal, robamos costalados de guamas, sapotes, y manzanas. Estamos embarrados por el Aguacate.

De prisa como el viento se nos han ido cayendo los años. Eres la mujer con crespos monos que hoy cumple 60. Y yo, soy el joven que todavía no entiende por dónde se agarra la vida. Ya sé qué cosa nos pediste, y hoy que empieza la vejez, de número mas no de espíritu, puedes darte cuenta que todavía estamos contigo.

Daniel Muriel

Un comentario en “El camino de la vida

  1. Her.oso me has hecho llorar y recordar tantas cosas que bonitas palabras para tu madre. Te quiero mucho mi sobrino hermoso y lleno de sabiduría 💕

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