La verdad

Foto tomada por Juan Pablo Vásquez

No hay guayabo que dure 100 años

Recuerdo que hace un par de años mi corazón al parecer estaba cerrado. Yo simplemente ya no creía en la gente. Y creo que era por el hecho de que todo a mi alrededor parecía ser desechable. Pues, mi cepillo de dientes viejo ya fue desechado, la ropa actual será desechada, la comida que se dañó, desechada, el plan de fin de semana, ya será para otro día… En serio, todo esto lo entendía y ya no me afectaba porque hacía parte de mi vida cotidiana.

Pero, lo que no alcanzaba a entender y me producía mucho guayabo era pensar que, en estos tiempos de la era digital, la gente también se convertía en un objeto desechable.

Según yo, toda la gente que me encontraba por ahí en la discoteca, en la calle o en internet estaban dañados o fragmentados. Realmente, no quería nada con nadie que no sintiese amor y, por supuesto, en ese momento ni siquiera estaba decidido a construir algo conmigo mismo.

Sin deseos por dentro ni motivaciones que me llevasen a interactuar con otras personas más de lo debido, era como estar encerrado en un pozo sin fin. Claro que, desde allí, alcanzaba a sentir y a percibir como “el mundo se estaba yendo al carajo”. Y digo que se estaba yendo al carajo, porque no sentía amor en ningún lado. Y ustedes ya saben, la ausencia de amor, para el alma de un artista es como la ausencia de proteína para un fisiculturista.

Al ver que todo estaba mal y al no encontrar a nadie para construir el camino que al fin diese luz a un mundo que está inmerso en las tinieblas del egoísmo, me acordé de un viejo dicho que dice: “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.

Y de una forma u otra me di cuenta que no podía estar buscando amor afuera si no construía amor en lo más profundo de mi corazón. En últimas, la vida me enseñó que siempre voy a ser yo el encargado de construir desde el odio o desde el amor. Y con el paso de los días me di cuenta que el problema no estaba afuera, sino más bien que debía de prepararme un buen vaso de sal de frutas lua, para seguir mi camino, reencontrarme con el amor y tener una vida llena de plenitud y luz.  

Juan Pablo Vásquez

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