El Trabajo de Mariano

Recién habíamos llegado de la finca…de allá del Aguacate. Era como el año 77, ah no, eso fue en 1978 le voy a decir por qué. Recuerdo que me vi los partidos del mundial de Argentina aquí en Pereira en una pantalla gigante a color en la fuente de soda Puerto Rico. Eso siempre estaba tetiado. Lo que era Puerto Rico y Fuente azul eran las más exclusivas.

¿En qué íbamos? Ah sí, habíamos llegado a Pereira, y mamá se levantaba a encender un radiecito gris rata todas las mañanas. Y un día escuchó en Radio Reloj que estaban dando trabajo en El Gran Hotel. Me dijo, mijo, váyase para ese hotel a ver si consigue trabajito. Como yo no estaba haciendo nada me fui para allá.

Foto tomada por: Sebastián González

Llegué a las siete de la mañana a El Gran Hotel, estaba vestido con un jean celeste, una camisa, y mis buenas botas. No aparentaba ser de vereda. Tuve que llenar el formulario y había un gentío el hijueputa, éramos como veinte. Yo seguía sin adivinar para qué era la convocatoria, ni idea de qué trataba el trabajo.

Entonces nos entregaron una maleta azabache grande y nos dijeron, pasen a recepción. Yo medio le di una miradita al interior de la maleta y vi una colmena de tarros, y el capacitador empezó a hablar, estas son las vitaminas que vamos a vender, les recuerdo que son ventas puerta a puerta. Cuando bajen, en la entrada les van a dar la ruta, vamos a trabajar en equipos. Mientras bajaba las escaleras yo divagaba en la mente, ay malparido, puerta a puerta, ¿yo de vendedor? No creo. Y salí con un combo de muchachos y muchachas dizque a hacer la ruta.

Imagínese, una de la tarde con ese sol hecho tizones, y yo no había vendido ni un puto tarro. Estaba mamado, sin desayunar, sin almorzar. Iba caminando por la vía del Ferrocarril y nosotros vivíamos cerquita a la Iglesia de la Trinidad y dije, por aquí es que es pa’ la casa. Me fui entonces con esa maleta al hombro.

Cuando llegué mamá preguntó, quiubo, y entonces, yo le dije, no mamá yo no estoy para eso. He caminado todo el puto día y no me he ganado ni para un desayuno, eso no sirve. Hago más cogiendo café allá en la finca de Belén. Y me respondió la viejita en tono de consejera, siempre pensando en la finca ¿es que usted se piensa quedar cogiendo café toda la vida? ¿Qué piensa hacer con todo eso que trajo en esa maleta? Yo le contesté entre risas con la lengua cristalina, deje eso ahí, o regálelo, o véndalo, o yo no sé, pero yo por allá no vuelvo a llevar esa chimbada.

Daniel Muriel

Un comentario en “El Trabajo de Mariano

  1. Genial. Es la radiografía del paso del campo a la ciudad de la época. Ahora todo ha cambiado, pero igual es muy díficil la vida. Felicitaciones mí sobrino querido. Qué tan simpático

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