Dicha e infortunio

Tuviste la dichosa fortuna de dejar de ser el amor de mi vida, pero te tomaste la descarada molestia de ser el amor de mis ojos y mis labios. Esta habitación está llena de ausencias. Las paredes vacías escuchan estruendos susurrados de las memorias que siguen deseando la intimidad que nos hizo.

Sonreíste como antes yo no había visto. En tus ojos se dibujaron los colores de la libertad que me hizo sentir a mí como una cárcel. Tus días agarraron vida, los míos fueron guayabos anisados y salados. Mis sentidos me negaron la oportunidad de escuchar las canciones caóticas de cantinas burdas.

Te amo y te odio, me amo y me odio. Amo amar y odio el amor.

Foto tomada por Jacobo Jurado

Te fuiste para tu fortuna y yo me fui para mi infortunio. El sol de este lugar me recuerda tu pelo brillante que me encantaba oler. Le entrego el recuerdo de ese aroma a este vino de uvas mediocres, de vientos ásperos y suelos infelices, de producción negligente, de bebedores irrelevantes, atorrantes y descuidados, pero agradecidos. Lengua agria y dientes purpúreos.

Le entrego el recuerdo y antes de dormir el bastardo me pregunta que quién lo huele ahora.

Jacobo Jurado


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