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Cuando pensamos en tener una relación mayormente nos referimos a estas relaciones históricas y disneinianas de las que nos han hecho creer que son perfectas. O sea, cada príncipe con su princesa, ignorando que el amor es como un puente, que une almas y deseos de sentir.

Foto por: Junior Orlando

Aunque pensándolo bien, comparar el amor con un puente tampoco tiene sentido, porque la idea es que tengamos varias formas de entrada y salida. Y bueno, si volvemos a la vida diaria los puentes se resumen en dos sentidos.

Volvemos a redondear la vida en dos personas, en dos puntos, en dos seres, en dos almas, cuando podemos amar sin importar tantas cosas y a tantas personas y sí, al mismo tiempo. No me niegues que no has tenido sentimientos por flores, por ver como el agua corre y te enamora, por la playa, por la hierba que te acaricia y te molesta un poco cuando recuestas el dorso sobre ella, y seguro has pensado en porqué no compartirlo con ese ser que te mira bello cuando llegó cansado de vivir.

Entonces, creo que es mejor compartir un poco, siempre protegiéndonos el corazón, pero debemos compartir cuerpos también. No es mala idea. Al final, siempre se ha dicho que más es mejor.

Comencé este escrito queriendo dar una explicación de porqué soy tóxico para algunas personas y terminé compartiendo sentimientos poderosos sobre cómo compartir sin problemas. Esa es la base de esta era moderna: compartamos, ya después sufriremos todos.

Igual pienso, volviendo al tema tóxico, que somos así por tantas pelis donde, vuelvo a repetir, somos dos. Por tanto, creo que es mejor querer más y sin limitaciones. No solo digo de corazones sino de individuos, debemos dejar de amar con el corazón (que realmente es la frase más cursi del romanticismo) y amar más con el cerebro que sinceramente tiene todas las respuestas.

Seamos prácticos: somos seres entrelazados, así que sintámonos libres de AMARXS. 

Junior Orlando Parreño Lino

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