Soy amigo del caído

Soy joven para explicar la vida. Pero puedo narrar qué eligen mis impulsos en días negros.

Hoy, no sé en qué creo, bueno, en realidad creo en mí, y siempre he creído en las personas que pierden. Me ha conmovido siempre la belleza que esconde la derrota. Eso muchas veces va en contradicción con los equipos de los cuáles soy hincha. El América, el Barcelona (cada vez menos). Siguiendo la lógica de amar a los perdedores, tendría que ser seguidor del Pereira (cada vez lo soy más) y del Numancia. Pero esa discusión hace parte de otro partido.

Hoy me refiero a las personas: desde pequeño creí que ese borracho cambiaría. Fui un convencido de que la heroína sería solo un obstáculo para ese costal de piel y huesos. Aún espero que el bazuco no sea tan diablo y desaparezca de su piel trajinada. Tengo fe en que la responsabilidad tocará su puerta y al abrirla encontrará a su hija. Y algo me dice que ella será el fiel reflejo de la frase nunca es tarde pa empezar, o para terminar.

Ahora, él cayó buscando respuestas a sus vacíos. Yo lo vi llorar de alegría. Es de los fuegos intensos, de los que atizan el alma. Me recordó a mi familia, a mis más íntimos amigos. Recordé la belleza que esconden los caídos.

Foto por: Jacobo Jurado

Preocupa más su cordura que su locura. Es loco, es artista, pero él lo ignora. Perderá muchas veces y eso solo será combustible para su aura colorida. Está en él, un poco en nosotros, en que su mente nunca decida quedarse inmóvil.

Y aunque todas las veces pierda, siempre apostaré por él.  

Los ganadores indiscutibles, los impávidos al sufrir ajeno, no me apasionan. No mueven mi alma de niño. Y espero nunca poder beber de ese coctel de gloria y limpidez.  

Somos más los perdidos que siempre andamos encontrándonos.

Daniel Muriel

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