Reacios

Foto tomada por Jacobo Jurado

Parado sin éxtasis y sin miradas. Sin una mano  derecha que se posa en el hombro izquierdo. A dónde se fue el olvido, hoy tan desobediente, que antes era un perro fiel. Se largó deudor, debiendo mis satisfacciones y llevándose todas mis picardías. 

Si pudiera vender esta vida la entregaría. Pongo en renta mis triunfos. Permuto mis sueños fragmentados. Dono los ojos negros y amarillos que no ven ilusiones y se fijan en un espejo empañado que tiene puerta al pasado sin retorno.

No hay música que llene la profundidad pesada de un roto cefálico. No han inventado el número de tragos que reemplacen la compañía de una voz, solo una voz. Con añoranzas no hay cielo de ensueño que llene el corazón como un otoño gris amartelado.  

Espero el primer encuentro con tu pelo bañado en ámbar, con tus ojos de colores claros y caerme en el abismo de tu pupila infinita. Déjalos venir y pateamos juntos el recuerdo de una piel filosa que no fue. Esa piel porosa y endiablada que no es de nadie. Desampara el recelo, dame tus flores, tus geranios que son recuerdo de primavera y tus pequeñitos pies blancos. No me des agua. Compartamos las uvas turbias que nos han hecho bailar.

Tú y yo vivimos en las esquinas de un largo callejón de una cavilación. Encontrémonos en la mitad. Esos ángulos tienen el peligro de beber en copas rotas. Abarrotemos esa calle gris. Que llegue o no llegue y si llega, después un final, uno inevitable. Un final que termina y uno que empieza. Y después un camino. Te llevarás tus lagrimas y tus ojos de mis ojos. Y te pediré que te lleves tus uñas de mi espalda manchada. 

Jacobo Jurado

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