Los domingos no dejaron de ser domingos

Foto tomada por Jacobo Jurado

El sábado se convirtió en lunes y el lunes en jueves. Por supuesto que los domingos no dejaron de ser domingos. Hay virus afuera. Las nubes, que también se dejan infectar, se roban el azul del cielo y el brillo de las montañas dejándolas espesas. El sol también está en cuarentena. No sabemos hacia dónde mirar y los ojos se topan incómodos y cansados, saturados de pantallas ruidosas.

Colchones blandos de plumas usadas se volvieron una rutina antipática. Separaron el amor. Arrebataron los besos y murieron los abrazos. La piel perdió tacto y los pelos caricias. Los cafés ya molidos perdieron sus baristas y las cervezas sus ebrios tristes. Las copas también sintieron un vacío en sus estómagos. Se brinda poco o no se brinda y si se hace es por la memoria.

Nos unió una esperanza impalpable de salir a las calles, pero un futuro lleno de tequilas reposados en playas llenas de palmeras se ve nublado. Afuera los pájaros cantan y las flores se burlan de los amantes encerrados, no las arrancan más.

Las redes acoplaron burda información convirtiéndose en filtro de guevones bendecidos por esta era. Publiquen, publiquen, que nada más queda. Que si de guevones hablamos, guevones somos todos.

Vergüenza ajena.

A mí me engañaron y a ti también.

Se creyeron fuertes cuando se alimentaron de discursos sobrenaturales. Les obligaron a marchar en fila india a salones fríos y los inflaron por los oídos. Amaneció y vieron que las palabras no llenan sus estómagos, no alivian sus penas y sus cuerpos. Vieron la muerte y le temieron, ¿Qué pasó?

Jacobo Jurado


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