Como un camarón

Foto tomada por Jacobo Jurado

Como el espejo ve, pero no oye, se pregunta qué está pasando. Me ha visto veinte veces hoy. A las 10 tengo los ojos cerrados bajo el sol y a las 2, después de unas horas, sigo igual de tranquilo, pero un poco ebrio. Sentir pena y vergüenza. Cuál es la diferencia. Yo siento pena, como de nostalgia, no de vergüenza. Algunos están peor.

Una muchacha buena de cachetes delgados se está tomando la molestia de hablarme mientras yo le hablo a otra que está más perdida que yo. Tal vez, si yo quisiera, pero floto en el caos de otro pelo largo.

El piso de las casas se desgasta entre chanclas con más pena que pecueca. Las ventanas no aguantan el olor humano y las cortinas avenas ya no soportan más vida de la vida mía. El cuerpo pide otra ropa.

El colchón tiene un hueco a un solo lado. Pienso en las novias que no tengo y extraño a las que no he conocido. Deben estar en una esquinita de sus casas un poco solas y un poco ebrias, como extrañando y cuando miran al cielo ven las mismas nubes que yo, parecen espuma de cerveza rubia.

Las salas también quieren discutir con sus dueños y que ni se les ocurra más de lo que ya hubo. Tengo la sangre en ebullición y las piernas con ganas de caminar la calle. La piel que la vida me prestó se quiere asolear y empegotarse con la sal del mar mientras los ojos se cierran como un camarón recién pescado. Playa y palmeras.

Jacobo Jurado

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