Mar azul y culito rosado

Foto tomada por Jacobo Jurado

Nos acercamos mirándonos a los ojos después de un par de palabras alcoholizadas y frases torpes. Una mano que apagó la luz de la sala le quitó claridad a sus ojos, que están llenos del mejor azul que tiene el mar y están empotrados en dos hoyuelos de la piel más blanca que ha tocado mi piel.

Tiene su culito rosado sentado en el sofá rojo y sus palabras me hacen entender que su vida ha sido fría, es la primera vez que se emborracha escuchando un vallenato. Viene de climas grises y no ha probado el ron, ¿Qué pasa entonces por la mente de las ojiazules un viernes a las 5 de la tarde? Acaso no es un despropósito andar por la vida tan campante, contemplando este momento, que no transcurre en una playa del caribe bebiendo un cuba libre.

Me dejo llevar fácil por una atracción llena de sensaciones nuevas, como quien conoce un nuevo continente, pero tengo la plena seguridad de que este sentir no durará, apenas la conozco y ya estoy pensando en cómo dejarla. Me dejo cubrir de manos temporales y acariciar de besos eternos que no verán un nuevo día.

El deseo saciado se vuelve un vago sin quehacer, el humo de la noche es lento y mis ojos, que no se cierran al besar, me dicen con precaución que sus labios y los míos no se llevarán tan bien como el vino y la cerveza que acaban de hacer maridaje en las bocas ansiosas de esta sala. La melancolía negra de amores lejanos se toma los parlantes con su música triste. Mis sentidos confusos me niegan la oportunidad de perderme en la nube de sus letras, pero me dejan ir de cabeza en este mar azul de cabellos claros. Nunca la volveré a ver y menos por coincidencia.

Jacobo Jurado

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