Doce reparos

Hoy, que descubrí que su convicción seductora a mis certezas hace temblar, quería advertirle:

Por favor, no guarde atento silencio en las melodías de mis canciones favoritas.

No invente más disparates con esa seriedad impávida.

Encarecidamente, quisiera que no defendiera más a la memoria musical del país.

Evite las conversaciones triviales con los vendedores ambulantes, taxistas y gente del común.

No continúe entonando historias de amores, ni para mis oídos, ni para infantes, ni para pedros.

No permita que la mirada de sus labios sonrían a los míos.

Modelos: Munir y Daniela

Eluda, por caridad, a sus cabellos lujosos para que estos no se recuesten en mi pecho de paja.

Procure ocultar sus orejas azucaradas del viento del mundo y de mi lengua mundana.

Vigile que su voz no revele más confidencias del fondo de su alma.

Esté atenta de no llorar por la alegría de los demás.

Y, por favor, no sonría en duermevela con los mimos somnolientos de este que escribe.

¡Ah!, y por último, antes de que se me olvide, no vuelva a intentar que me amanezca zamba entre sus brazos.

Pues si usted no cumple con estos doce reparos, me veré obligado a corresponderle como yo sé.

Daniel Muriel

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