Pediría dos cosas en la vida

Uno es muy modesto, ¿cierto?, y a veces da como pena pedirle cosas a algún dios porque ellos mantienen muy ocupados con sus quehaceres divinos.

Pero si se me permite…no, no, no. No les quito mucho tiempo. Ya sé qué estarán pensando, ¿qué nos importa lo que anhele un greñudo desempleado?, pero les prometo que no los demoro. Ni más faltaba, cómo voy a querer quitarles tiempo a ustedes, tan ocupados en sus trabajos de ocho horas, en sus matrimonios y en sus paseos domingueros.

Bueno, ¿en qué estaba yo?, ah sí, en lo que me haría el hombre más feliz del mundo. No es que con esto yo quiera estar por encima de ustedes, figúrense el pensamiento ese, ni más faltaba. Pero dos cosas pediría para vivir en un estado de alegría constante.

Hasta me da pena decirlo, pero bueno.

Lo primero sería que el guayabo no existiera…pero espere tantico, no se burlen de mí. Les explico: parece raro, pero mucha gente no se emborracha por miedo al guayabo ¿Cómo les parece? El trago que nos desnuda de prejuicios, nos diluye los complejos.

Si el guayabo no existiera yo me sentiría como cuando estoy en el mar y percibo a los pescaditos nadando entre mis piernas.

Es que no conozco a una persona más alegre que mi Yo borracho. Y lo digo porque no puedo estar adentro de otros cuerpos, bueno sí, pero no en ese sentido. No puedo meterme en su alma cuando los oigo carcajear, porque, pues, uno escucha muchas cosas, ¿cierto?, que muchos que pelan las muelas lo hacen para disimular la oscuridad que albergan en el interior.  

O sea, ¿la gente sin guayabo? ¡Ja! Eso sería un montón de personas caminando en zigzag, todos reídos, con una botella a un lado, y con la sonrisa en el otro ¿Una guevonada? Bueno, es que uno es mucho del trago, del trasnocho y del alboroto.

Pero la segunda cosa sí sé que nos atañe a todos, ¿no me creen?

Yo sería el hombre más feliz del mundo si el despecho no existiera. Parece raro, pero mucha gente no se enamora por miedo a un mal de amores ¿Cómo les parece? El amor nos desnuda de prejuicios, nos diluye los complejos.

Si el despecho no existiera miraría la vida con los ojos de un preso que ve a un pajarito volar.

Ilustración: Juliana Acevedo

Es que no conozco a una persona más feliz que mi Yo enamorado. Lo digo porque, pues, ustedes saben, uno sí ve muchas personas que dicen amarse, o no amar, pero van a la cama con un odio chiquitito por el otro y por ellos mismos ¿Loco? No, es que a uno le gusta observar.

O sea, ¿la gente sin despecho? ¡Ja! Eso sería un montón de personas caminando como borrachas, con el amor a un lado, y con la sonrisa en el otro ¿Una maricada? Bueno, es que uno es mucho de querer y dejarse querer.

¿Qué no me pueden hacer el milagrito? Ah, sí, es que eso sí es verdad. Imagínese uno todo inmortal. Qué pereza vivir como un todopoderoso, sin preocupaciones en el alma.

Una vida plana, sin altibajos, sin pasiones.

Sí, sí, es que la vida se torna bonita cuando uno sabe que se va a morir y que de por allá no vuelve nadie, ¿cierto?

Ya me perdonarán ustedes. Es que a veces me da por escribir enguayabado y despechado y se me ocurren estas cosas. No jodo más.

Daniel Muriel

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