Mad lover letter

Foto tomada por Julio César

Fisciano, Italy

21.04.2020

Buongiorno Principessa! It’s me again. It’s the fourth time your name escapes from my mouth out loud. I should have written to you sooner. It is the fourth time I land abruptly in the reality of this Sisyphus routine: Waking up with the pupils on the screen following the numbers and lines of this calamity, peeking out of the window and see the sun fall on my back as screwing the pain. With darkness, the voices from these walls resound louder: «You’re alone, without her!»

I don’t want to worry you, you will see, this has as much drama as comedy. Like the Benigni movie you love, and you so recommended to me to watch it in Italian. Of course, I bring the comedy; there is enough tragedy outside. I’m just saying it’s could be more bearable by your side.

It’s not yet six o’clock in the evening, and it is already the fifth time I propose you a conversation: –With this tragedy, are we further or closer to the revolution? ; -Is that a new freckle that looms at the end of your back? ; – I have the name for the TV series we talked of, The Working Death: the virus of globalization; Poi aiutarmi a imparare l’Italiano? ; What will become of «our» cats? I’m so sorry I have been so stingy with words and gestures when I had you in front of me.

I see you. I feel you. I caress your cheeks side to side. I slip the back of my finger over your neck. It melts. You Disappear. What do I do with this heartbreak? I have a pocket photo of us. I know, pictures were not allowed. But it’s my lifeboat these days. I must confess, neither the rosary of the most passionate roman nun nor the poster of Diego in the most devout Neapolitan’ house has been kissed as many times.  You don’t know what picture I’m talking about. That time, you were so hallucinated you saw the colours of the houses in Positano flying, how could you not confuse the shed of the instant photos with a confessional?

«What an excess» I say to myself as I admire the photo again. Because in the picture I kiss you, and well, I just do not more than kiss that image desperately, as a ritual to save the hours that weigh from my window. An image that I will keep secret to avoid blushing myself, Giulio Cesare innamorato! I beg your pardon; I´m probably abusing too much with this Cheesy text. I know you tolerate it only in songs, but it must be hidden in the prose. I agree.

Despite my battered ankle and the quarantine restriction, I decided to escape through the gardens around the residence. I was able to appease my spirit thanks to the «flower hunt». Have you seen my collection on Instagram? They are for you. The horseshoe roads transported me to Frittole in 1492, so much so that, when I left the garden, I crashed with the scolding from a medieval tax collector.  While he was waving his hands, in his very Italian way, I just listened to him yelling “Chi siete? Da dove venite? Cosa portate? Dove andate? Un fiorino!” Thank you for introducing me to Troisi and Benigni. Unfortunately, It didn’t help me with the ticket and the policeman who was actually asking me: “Who are you? Where you come from? Your ID? Why aren’t you wearing a medical mask?  Where is your autodichiarazione? Are you fucking drunk? Infrazione!”

Remember the black knicker you left here? I have it in top high as an anonymous trophy of your memory. I hoisted it on my cane. I use it just when I succumb in the most sensual memories of you. That image can only be communicated through these sheets. What that piece of silk and I do, is another image that cannot be described. I see you. I feel you. You’re on top of me. Che caldo, che scandalo! Mayor De Luca, now you can send the Lanciafiamme.

A hole opens into the core, I am aware of your absence. I will refuge in the idea that suggests distance and time do to our love what the sun and rain do to the lemon trees of southern Italy during winter and spring: make them grow, strengthen them and fill them with those lemon blossoms, Azahar, that you love. But I warn you, maybe one of these days my insanity will surprise you and «Arrivederci Concetta, Ciao Firenze»

These police guys keep talking. I’m still thinking about you. I take out my cell phone to make some notes. An idea has come to me. Writing reminds me this effort is not useless, and punishment is not perpetual. Life is beautiful and worth it. For you, for The  Working Deaths.  Camus wasn’t a communist, and he didn’t know you either. The policeman yells at me. I look for my ID, I find our pocket portrait. I kiss it. The policeman screams again: infrazione! This doesn’t seem very hygienic in times of pandemic. Non ci resta che piangere.

And you? Are you smiling? 

Julio César

P. S.: I’m not getting that crazy and you are not so forgetful. But, Señora, Master Otto Serge would not forgive me if the message I send here does not keep between we both, even though, thousands are hearing it. I promise, I will teach you this Colombian folklore reference the next time we meet.

Traducción

Fisciano, Italy

20.04.2020

Buongiorno principessa!  Soy yo nuevamente.  Es la cuarta vez que se me sale tu nombre en voz alta. Debía escribirte. Es la cuarta vez que aterrizo bruscamente en la realidad de esta especie de castigo Sisifeano: despertarme con las pupilas sobre la pantalla siguiendo en los números y líneas, la calamidad de millones. Asomarme a la ventana y ver caer el sol a mi espalda como atornillando la pena. Otra noche que se va y los gritos de estas paredes resuenan ¡Estás solo, sin ella!

No quiero preocuparte, verás, esto tiene tanto de drama como de comedia. Como esa película de Benigni que tanto te gusta y que tanto me recomendaste que viera en italiano. Por supuesto, yo aporto la comedia, afuera ya hay suficiente tragedia. Solo pienso que contigo esto sería más llevadero.

Aún no son las seis de la tarde y ya es la quinta vez que te propongo una conversación: Con esta tragedia, ¿estamos más lejos o más cerca de la revolución?; ¿Es acaso eso una nueva peca que se asoma al final de tu espalda?; ¡Tengo el nombre para tu serie de TV: The Working Death: el virus de la globalización; Poi aiutarmi a imparare l’italiano?; ¿Qué será de “nuestros” gatos? Cuánto lamento ser tan tacaño con las palabras y los gestos cuando te tuve de frente.

Te veo. Te siento. Te acaricio las mejillas de extremo a extremo. Resbalo el espaldar de mi dedo sobre tu cuello. Se derrite. Desapareces. ¿Qué hago con este desconsuelo? Ni el rosario de la más rezandera de las monjas en Roma, ni la estampilla de Diego del más devoto napolitano, ha sido besada tantas veces como la foto de bolsillo que conservo de nuestro retrato. Tu no sabrás de que foto hablo. Aquella vez ibas tan alucinada que veías volar los colores de las casitas en Positano, ¿cómo no ibas a confundir la caseta de las fotos instantáneas con un confesionario?

“Qué redundancia”, me digo al mirar nuevamente la foto en cuestión. Pues en la imagen te beso, y bueno, yo no hago más que besar esa estampa como ritual para salvar las horas que pesan desde mi ventana. Una imagen que conservaré en secreto para evitar sonrojarme ¡Gulio Cesare innamorato! Te ruego me perdones, de pronto abuso de la cursilería. Sé bien que la prefieres solo en la canción, pues en la poesía te empalaga.

A pesar de mi tobillo maltrecho, resolví escaparme por los jardines aledaños a la residencia. Consigo apaciguar el espíritu en la “cacería” de flores, ¿has visto mi colección en Instagram? Son para ti. Los caminos de herradura me transportan a Frittole en 1492, tanto que al salir me he encontrado con el regaño cobrador de impuesto de la Toscana medieval. Mientras agitaba sus manos, italianísimamente, yo solo escuchaba: “Chi siete? Da dove venite? Cosa portate? Dove andate? Un fiorino!”. Gracias por presentarme a Troisi y Benigni, infortunadamente, eso no fue de mucha ayuda con la multa y los carabineros que realmente me estaban preguntando: ¿Quién es usted? ¿De dónde viene? S identificación por favor. ¿Por qué no esta usando el tapabocas? ¿dónde está su auto declaración juramentada? ¿Está usted ebrio? ¡Infrazione!”

¿Recuerdas la braga negra que dejaste? La tengo en lo alto como trofeo anónimo de tu recuerdo. Izada en mi bastón y empleada solo cuando naufragio en tus recuerdos más carnales. Lo que hacemos ese pedazo de seda y yo, es otra imagen que no puede ser retratada. Te veo. Te sientas encima de mí. Che caldo, che scandalo! Ahora sí, que el Alcalde De Luca mande a los lanciafiamme.

Se me abre un agujero en el pecho, soy consciente de tu ausencia. Me acogeré al consuelo que sugiere que la distancia y el tiempo hacen a nuestro amor lo que el sol y lluvia a los limoneros del sur italiano durante el invierno y la primavera: hacerlos crecer, fortalecerlos y colmarlos de esas flores de azahar que tanto te gustan. Te advierto, puede que un día de estos mi demencia y rebeldía te den una sorpresa y Arrivederci Concetta.

Los carabinieri siguen hablando. Sigo pensando en ti. Tomo mi celular para escribir algunas notas. Una idea se me reveló. Escribir me recuerda que este esfuerzo no es inútil ni el castigo es perpetuo. La vita è bella y vale la pena. Por ti, por los trabajadores zombies. Camus no era comunista y, además, tampoco te conocía. Un nuevo grito del policía me despierta. Busco mi identificación y encuentro nuestro retrato de bolsillo. Lo beso. Y de nuevo: “Infrazione!, eso no parece muy higiénico en tiempos de pandemia, Un fiorino”.

  Y tú, ¿sonríes? 

Julio César

P. D.: Ni yo me estoy volviendo así de loco, ni tu eres tan olvidadizo. Pero, Señora, el Maestro Otto Serge no me perdonaría si el mensaje que aquí mando yo no se queda entre los dos, aunque miles estén oyendo. Te prometo que te enseñaré esta referencia del folklore colombiano la próxima vez que nos veamos.

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