El guadual

Llueve sol entre las grietas movedizas del guadual ¿A quién persigo? Trato de penetrar mi nueva cotidianidad, pero Walter Benjamin, en su análisis de una ciudad y su porosidad, declara que tal cosa es imposible.

¿Qué me motiva a moverme? Veo un par de pies que no caminan, levitan sobre el fango que ensucia mis zapatos de cordones cafés. Me detengo a pensar, pero es imposible, soy uno con mi entorno compuesto de guaduas. Soy verde en movimiento.

Veo finas filigranas que se desentienden del verde ¿Es una cabellera? Sí, es cabello con aroma a argán. No sé a quién pertenece pero presiento que nací para alcanzarla.

Foto: Daniel Muriel

¿Por qué entré al guadual? Venía en busca de la verdad, pero esta se enredó entre tanta vacilación. Separé el cuerpo de mi cabeza y es la curiosidad la que me insta a revelarle el rostro a esa colorida cabellera.

Una sonrisa reverbera en la zona más oscura ¿Pueden unos labios iluminar mi camino? Solo soy un costal de deseo que persigue las partes extraviadas de un cuerpo que recuerdo conocer.

El sol me acuna en la salida del guadual y el cuerpo extraviado, ahora, es toda una mujer indómita que me recibe en sus brazos azucarados.

Nos retiramos del guadual y mirándolo de lejos me convenzo que fue aquí donde Nietzsche escribió:

He conocido muchos jóvenes que han salido en busca de una verdad, y han regresado enarbolando la túnica de una mujer.

Daniel Muriel

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