Ángel Guardián

(Fragmento del segundo capítulo de una tesis, sin nombre todavía, sobre Diego Maradona. El Viaje del Héroe, según Pearson, es la búsqueda de nuestra identidad y viene descrita como una evolución de etapas precisas que se desarrollan desde la infancia hasta la vejez. Tal viaje consta de tres momentos y cada momento está constituido por cuatro arquetipos, según la teoría del psicoanalista Carl Jung).

Este arquetipo del Ángel Guardián se encuentra “en la idea compasiva del dar y amar, del padre perfecto que, dedicado a desarrollar la disposición de su hijo, se adapta a las necesidades incluso al punto de sacrificarse”.

Son muchos los Ángeles Guardianes con intenciones positivas que aconsejaron a Diego: su familia, sus amigos, sus compañeros. Pero en este cuarto y último arquetipo de la primera fase del viaje, El Diez es visto como el Ángel Guardián  que cuidó de la ciudad de Nápoles.

Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Escribiría San Marcos en el inicio de su evangelio, como indicando a esa ciudad custodiada por el Vesubio, ese 5 de julio, que recibiera a su D10s en la tierra. Serían ellos, los napolitanos del 84’, los primeros discípulos de la Iglesia Maradoniana creada veinte años después en Argentina.

Foto por: Daniel Muriel

“El modo en que me han recibido no tiene igual en ninguna parte del mundo. Yo amo y respeto esta gente, y lo haré toda la vida. Es increíble que después de unos minutos de mi llegada fueran más de setenta mil personas a recibirme…”, y remata Diego, “…Sí, a saludar un señor que se llamaba Maradona y que jugaba al fútbol”.

Y como si Napoli tomara voz propia, le murmuró a Diego, en respuesta al Buonasera napolitani que esbozó casi tímido en su presentación en el San Paolo: Tu sei il Figlio mio, l’amato: in te ho posto il mio compiacimento.

Así Maradona iniciaba su camino (el mismo de San Gennaro) como santo patrón de la Nápoles sinuosa, particular, hermosa, tenebrosa.

Y por otro lado, el Ángel Guardián negativo, “es el padre que no ha definido todavía sus límites, y en consecuencia, no sabe cuidar a los demás”.

En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás.

El Ángel negativo, estaba vestido de camorrista, y le ofreció tranquilidad y protección al ídolo de la ciudad. Le dijo Carmine Giuliano, uno de los cabecillas del Clan Giuliano de Forcella, a Diego, “I tuoi problemi sono anche i miei problemi”. Ese lado oscuro, esa rebeldía, esas ganas de ir en contra de todo, se fueron tiñendo cada vez más de negro.

“En el momento en que Diego compró un gramo de cocaína se convirtió en un prisionero de quien el polvo lo controla y lo vende: la Camorra”, sentenció Giani Miná.

En este arquetipo, quizá más que en otros, muestra su naturaleza de Ouróboros, la serpiente que se muerde a sí misma.

Daniel Muriel

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